La crêpe Suzette es considerada la reina de las crêpes y una de las variaciones más icónicas de esta especialidad francesa. Sin embargo, su verdadero origen sigue siendo un misterio. Existen numerosas historias fascinantes sobre la creación de este legendario plato.
La leyenda del príncipe Eduardo
Una de las historias más conocidas atribuye su invención al príncipe Eduardo de Inglaterra. En 1896, durante unas vacaciones en Montecarlo, Eduardo visitó el famoso Café de París acompañado de varios aristócratas.
Un joven aprendiz de cocina llamado Henri Charpentier fue el encargado de preparar crêpes para la ocasión. Durante el proceso, Henri derramó accidentalmente una botella de licor de naranja, que prendió fuego. Para disimular el error, improvisó y presentó las crêpes flambé como una nueva creación. Eduardo, encantado, decidió nombrar el plato en honor a una de las damas presentes.
Esta es una versión romántica.
Otra versión cuenta que Eduardo no estaba con aristócratas, sino con una costurera o actriz llamada Suzette, a quien había conocido en Montecarlo. Por afecto, decidió ponerle el nombre de Suzette a las crêpes.
La historia de la actriz Suzette
Otra anécdota cuenta la historia de una actriz llamada Suzette que participaba en una obra de teatro en la que tenía que comer crêpes con frecuencia, a pesar de que no le gustaban. Un chef compasivo de un restaurante cercano decidió prepararle cada noche una versión especial, a la que bautizó en su honor: crêpe Suzette.
Un clásico con sabor a historia.
Verdaderas o no, estas historias añaden un encanto especial a la crêpe Suzette. Flambé con licor de naranja y un toque de historia: voilà, la crêpe Suzette.
